Psalm for the Day

miércoles, 6 de abril de 2011

La Buena O La Mala Suerte

Mis queridos lectores, ¿Creen ustedes en la buena o la mala suerte? para despejar cualquier duda sobre este tema aquí les dejo esta interesante historia.

Hace mucho tiempo, en una aldea lejana de las estepas de Rusia, vivía un hombre con su familia. Era un hombre piadoso que siempre confiaba en Dios. Aquellos tiempos eran malos para el país pues pueblos invasores habían llevado la guerra a los campos de la estepa.
Para aquellos pueblos, famosos por sus diestros jinetes, un caballo era un tesoro. Aquel hombre poseía un hermoso caballo al que cuidaba mucho. Un día dejaron la puerta del establo mal cerrada y el caballo se escapo por las montañas. Por mas que lo buscaron no lo pudieron encontrar.
Llegaron entonces los vecinos de la aldea y le dijeron al dueño del caballo:
-Que mala suerte la suya, se escapo su caballo!
y el les contesto:
-¿Y ustedes como saben que es mala suerte?
Los vecinos se fueron y la noche siguiente el caballo regreso de las montañas con un grupo de yeguas salvajes. Ahora además del caballo perdido, aquel hombre tenia un buen grupo de yeguas para su establo. Los vecinos volvieron y le dijeron:
-Que buena suerte la suya, su caballo regreso trayendo varias yeguas!
Y el hombre les contesto:
-Y ustedes ¿Como saben que es buena suerte?
Los vecinos regresaron a sus casas. A los pocos días el hijo mayor de aquel hombre se monto en una yegua para domarla, pero se quebró una pierna. Entonces los vecinos se acercaron al padre del muchacho y le dijeron:
-Que mala suerte, por montar la yegua, a su hijo se le quebró la pierna!
Y el hombre volvió a contestar:
-Y ustedes ¿Como saben que es mala suerte?
Varios días mas tarde llegaron a la aldea los soldados del ejercito del zar. Venían a buscar a todos los jóvenes del pueblo para llevarlos a la guerra contra el invasor. En la aldea solo se quedo un joven, aquel que se había quebrado la pierna y no podía caminar.
Los vecinos reflexionaron sobre la pregunta que les hacia aquel hombre y comprendieron que no hay suerte buena ni suerte mala. Solo Dios conoce nuestro destino y a veces escribe recto con renglones torcidos y nosotros no lo sabemos ver. Aquel hombre sabia que hay que confiar en la providencia y ver como buenas todas las cosas.

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